Residencia artística
Entrega a la Mar
Artista Eduardo Palomares
Isla de Margarita, Venezuela · Noviembre 2025
Entrega a la Mar fue una propuesta artística y medioambiental desarrollada como residencia internacional de la Fundación ArtesanoGroup, que planteó la creación colectiva de esculturas cerámicas de gran escala concebidas junto a alfareros tradicionales de El Cercado, científicos, músicos y artistas. Las obras fueron pensadas para su instalación permanente en el fondo marino, donde se proyectaron como estructuras vivas orientadas a la regeneración ecológica y simbólica del paisaje costero.
El proyecto promovió un diálogo horizontal en el que el conocimiento tradicional, la innovación científica y la práctica artística contemporánea interactuaron como pares, respetando y potenciando la sabiduría de cada participante. La propuesta puso en valor la artesanía como forma de conocimiento profundo del territorio, al tiempo que ofreció una mirada poética y ecológica sobre el presente.
Gracias a la invitación de la Fundación ArtesanoGroup y de su presidenta, Carmen Julieta Centeno, se llevó a cabo una residencia artística en la centenaria Escuela de Alfarería de El Cercado, en un contexto donde conviven la historia colonial de la isla y la herencia precolombina. La experiencia se tradujo en una acción orientada a fomentar la vida marina y la sostenibilidad de los mares a través de la potente carga simbólica del barro.
En una dinámica de colaboración entre artesanos alfareros, curadores, científicos, músicos y artistas, se desarrolló un proyecto colectivo que culminó en la creación de un arrecife cerámico producido en la Escuela de El Cercado. El proceso contó con la colaboración de estudiantes de artes de la isla, músicos locales y el artista visual Eduardo Palomares, invitado por ArtesanoGroup. Las piezas resultantes fueron cocidas siguiendo técnicas tradicionales y posteriormente instaladas bajo las aguas afectadas de la isla, como gesto simbólico y ecológico de regeneración.
En noviembre de un año cualquiera, seis manos se hundían en el barro, el agua, la tierra. Maestras centenarias con surcos áridos en su piel, ellas, las alfareras. Hoy cantan los Juanes sus canciones que resuenan desde el ayer, silbando en los cerros, enseñando en el taller.
En una semana de un noviembre cualquiera, dos cámaras retratan la voz de una isla que fue perla. Sus sales, sus palmeras, sus arepas, sus senderos que tejen hamacas en la siesta. De sus ojos el recuerdo que son la nostalgia de días perfumados de floresta.
En un día de una semana cualquiera, dos hermanas son madres de la marea. Aguas que al sol de hoy dan de comer a setenta. Aguas que al crepúsculo descubren violines, violas y más cuerdas. Desde las colinas verdes a las despojadas, es su intención la más eterna.
En una hora de una semana cualquiera, el filósofo habla de nosotros y no de vosotros. No son seis manos, son cuarenta. No es la vasija, ni la pintura, son los dedos que tocan el pincel, que mueven el barro, es el sol que seca.
En el minuto de una hora cualquiera, cuarenta manos modelan la tierra. De lo vivido en mi amada Venezuela, en un segundo de un minuto cualquiera son las gentes de la isla, los navegados que hay en ella los que en la mar el arte dejan.
Eduardo Palomares
La obra de Eduardo Palomares es indisociable de las experiencias que la hicieron posible. Aquello que encontramos en sus pinturas, cerámicas, libros, audiovisuales e instalaciones lleva en sí la energía de infinidad de voces, afectos y vínculos que acompañaron su proceso creativo. Su trabajo es sensorial y está sostenido por la bella ambigüedad de una intimidad colectiva donde humano y animal, cuerpo y mar, pintura y salitre, plantas e historias se corresponden misteriosamente unas a otras. Hay en su obra —y en su alma— algo similar a estos versos de Walt Whitman:
Do I contradict myself?
Very well then I contradict myself,
(I am large, I contain multitudes)
Esto se hizo evidente en la residencia que realizó con Fundación ArtesanoGroup en Venezuela. Estuvo en Caracas, compartiendo con poetas en la Sala Mendoza y con creadores en la Hacienda La Trinidad. Luego inició una larga labor en la Isla de Margarita que lo llevó a la Escuela de Artesanos de El Cercado, donde trabajó con Juan José Bermúdez y Juan Alberto Rodríguez. Recorrió la isla para conocer artistas, instituciones y gente del pueblo. Compartió con el maestro Luis Lizardo, fue al mar, a las montañas del barro y a las salinas. Conoció a la Virgen del Valle y escuchó a los virtuosos músicos neoespartanos. Habló en la universidad, en la librería Tecnibooks y en todos los espacios donde su voz fue requerida. Afirmó una y otra vez que su labor necesita del encuentro con los otros y no del ego. Para él, un artista no es un individuo sino todo aquello que convoca en un trayecto que está a medio camino entre la técnica y el amor por la vida.
Una residencia de artista, usualmente, está centrada en el hacer; son espacios de conocimiento y manufactura. Sin embargo, el paso de este joven artista español por el Caribe y ArtesanoGroup adquirió otra dimensión. Podríamos pensar en su estadía como un ritual colectivo, porque el proceso de elaboración de la cerámica —ánforas y plantas, entre otras piezas— vinculó la quema primitiva, el traslado de las obras al mar y los momentos de meditación con el afecto que emanaba de cada uno de los espacios donde estuvo.
Esto debemos considerarlo más allá de la evidente carga emocional. Para el artista también supuso el encuentro con otra materia, la cual emergió de los cuerpos, la tierra, el mar y las vibraciones de los paisajes y lugares. Podríamos decir que fue un hallazgo de la materia de la vida (lo vital), no en su generalidad universal, sino en la especificidad que produjo esta experiencia.
Las evidencias de esta aventura son visibles e invisibles. Tal como su obra, que está por igual en el barro, el agua, las palabras tejidas en una historia y flotando en el aire con partículas de perfume. Algunas quedaron en el paisaje margariteño, otras en el alma de sus cómplices creativos, otras más en aquello que sin duda será exhibido. Pero ninguna de ellas son artefactos de nostalgia, sino gestos hacia el porvenir, porque aquello que arrojó a las playas de esta experiencia volverá convertido en encuentros cada vez más profundos y estremecedores.
Humberto Valdivieso
Talleres entorno a la residencia
Entrega a la Mar – Entrega a la Tierra
Lugar de realización:
Isla de Margarita, Venezuela
Comunidad alfarera de El Cercado
Cerro La Cruz
Cubagua
Salinas de Pampatar
Fecha de realización:
Octubre – Noviembre 2025
Colaboradores y participantes:
Maestros alfareros: Juan José Bermúdez, Juan Alberto Rodríguez
Curaduría y acompañamiento conceptual: Humberto Valdivieso
Colaboraciones artísticas y musicales: Luis Lizardo, Mónica Ferreres
Museo de Arte Contemporáneo Francisco Narváez
Universidad de Margarita (UNIMAR)
Núcleo Porlamar perteneciente a el Sistema Nacional de Orquestas y coros juveniles e Infantiles de Venezuela
Conservatorio de Música y Danza Alberto Requena
Documentación fotográfica: Javier Volcán y Daniel Ancieta